Barrio de las Rederas y los Rapacinos de barco
Poema del panel de entrada (J.M. García)
Este pueblo nuestro empinado parecía no perder el rumbo de subida y de su historia mientras las rederas (y también los rederos) entre jaretas, chicotes y boyas de corcho y de cristal, siguieran iguando, mañana y tarde, el paño con sus manos de obreras de la mar. Haciendo, como si tocaran el harpa, molinetes, cimuestras y nudos imposibles que amarraran para siempre a Candás con la mar. El rapacín de barco, criatura del alba, rubio como el sol, moreno como la noche, que desde el arrabal a las calles de la mar, de borda a borda, despierta a los marineros en la hora deshabitada de la amanecida: ¡Señooor Manueeel, que baje pa la maaar!...
Les Rederes
Este oficio solían desempeñarlo mujeres, aunque también podían hacerlo hombres. Consistía en la reparación y recosido de las redes de pesca, por lo que era una tarea muy apreciada.
Los Rapacinos del barco
El rapacín de barco era el encargado de ir a buscar, casa por casa, a los miembros de la compaña. Normalmente adolescente, tenía que levantarse el primero de todos, y aún de madrugada iba de casa en casa llamando desde la calle a cada uno de los miembros de la tripulación para despertarles y que fuesen a la mar.
También tenía que realizar otras tareas auxiliares importantes como ir a buscar el agua, manejar el carro para transportar la pesca o limpiar la lancha tras su regreso